Perro negro

Me encanta observar desde la ventana de la cocina cómo los primeros rayos de luz se asoman en el cielo parisino mientras un café humeante me calienta las manos, pero hoy es 7 de enero, tenemos la reunión de después de las vacaciones y nos han convocado antes, así que veré amanecer de camino al metro.
Antes de tocar el frío pomo del portal de casa me calzo los guantes y al poner el primer pie en el asfalto, un perro negro me asalta, mordiéndome a la altura del tobillo. Casi pierdo el equilibrio al zafarme de él, pero lo logro con un movimiento brusco de pierna y me vuelvo a meter en el portal de casa para comprobar el alcance del bocado. Parece que no ha conseguido clavar sus dientes en mi carne pero… maldito perro del infierno, de dónde habrá salido.
Y otra vez repito la operación, salgo de casa y ahí está el rottweiler mirándome fijamente, frente a mí, retándome ¡Qué absurda situación! Voy a llegar tarde a la reunión por el perro este. Me persigue, se pone en medio, me ladra y me muerde el pantalón para que no avance y a pesar de que me siento como un niño asustadizo, me armo de valor y con un considerable retraso consigo llegar hasta la boca de metro. Una vez allí, el perro se para en seco y se queda ladrando sin llegar a bajar las escaleras, sin quitarme los ojos de encima y yo corro despavorido bajando los peldaños de dos en dos, aunque ya no tengo edad para eso.

Encuentro un momento de tranquilidad al sentarme en el vagón y quitarme el abrigo, pero tengo una sensación extraña, de desconcierto, de inquietud. Tengo tantas preguntas en la cabeza… hay tantas cosas que no entiendo… Quién es su dueño, por qué no llega a morderme… Ese perro del diablo es igualito al de ‘La profecía’ y en la película, su aparición precede al suicidio de la niñera de Damien.

El perro negro ha hecho que me retrase 15 minutos y entre que salgo del metro y llego a la sede de la revista son otros 5 minutos. Probablemente ya habrán comenzado sin mí. No me lo puedo creer. Justo arriba de las escaleras me está esperando, pero cómo ha llegado hasta aquí… Otra vez la misma historia, me muerde el pantalón, los voy a tener que tirar a la basura. Todo el mundo por la calle me mira y ya me da hasta la risa. Aquí estoy yo, arrastrando al perro, que está colgado de mi pierna, como hacía antaño mi hermano pequeño.

Por fin llego al portal de la revista y dejo tras la puerta al perro ponzoñoso desgañitándose con sus ladridos del inframundo. Desde luego, con esta anécdota ya tengo material para hacer una buena tira para la revista, solo hay que encontrarle la parte humorística ¡Ya lo tengo! El perro es musulmán extremista y no le gustan mis viñetas en Charlie Hebdo.

 

El 7 de enero de 2015, el semanario satírico Charlie Hebdo sufrió un atentado en su sede central de París a manos de dos hombres enmascarados de Al-Qaeda que con fusiles de asalto mataron a 12 personas e hirieron a otras 11 en respuesta a la crítica humorística hacia la violencia del extremismo islamista que reflejaban muchas de sus viñetas.

 

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Miope

Había un ceda el paso como la copa de un pino. Tenía el señor un ceda el paso delante, así que tenía que haber esperado a que yo pasase con mi vehículo. Ya sé, mi bicicleta no abulta mucho y yo hago de carrocería, pero ¿cómo pudo decir que no me había visto? Que pruebe a ir al oculista, por favor. Yo también soy miope y hace años que llevo gafas, gafas que por cierto están bajo los neumáticos de su coche.
De la bici también me olvido, pero es que las gafas las necesito, así que aquí estoy. Debería volver a mirarme la graduación para hacerme unas gafas. Es muy urgente, ¿sabe? porque solo tengo unas de repuesto que son muy viejas y que tienen menos dioptrías que las gafas siniestradas.
Nunca hubiera pensado que me iba a aumentar la miopía tanto en tan poco tiempo. Esta montura me gusta ¿Me pueden colocar los cristales en este mismo momento dada la urgencia? Sí, espero.
La miope se sentó en la silla y ciertamente de lejos no conseguía ver con nitidez. Esas gafas viejas le daban un aire de empollona mojigata insoportable pero es que además no le servían de mucho. De cerca, el óptico era un joven muy interesante. Había estado observando con detenimiento el marcado perfil que delimitaba su sinuosa boca. Ahora solo veía un bulto desenfocado que, ella intuía, estaba colocando los cristales en la montura.
Por fin, ya estaban listas sus gafas nuevas. El joven se las daba en una funda con una bolsa, pero la miope guardó las viejas y las nuevas se las llevó puestas. Cuando cruzó la óptica en dirección a la salida se sorprendió porque había mucha gente en la tienda en la que no había reparado antes.
Y salió a la calle con la misma mirada de siempre pero con diferente prisma, con la perspectiva que te dan unos cristales nuevos que le dicen adiós a la miopía. De camino a casa volvió a reparar en la cantidad de gente que había por la calle, mucha gente mayor que parecía acompañar a otras personas y que, ante la imposibilidad de andar a su ritmo, iban detrás de ellos con la lengua fuera.
La miope pensó entonces en lo duro que tiene que ser hacerse mayor y ver cómo tu cuerpo no responde como antes, pero lo que más le dolió a la miope fue la indiferencia que provocaba en sus hijos que sus padres no pudieran andar a su ritmo. Entonces deseó tener a su padre para caminar junto a él. Demasiados pensamientos negativos encadenados que la miope supo cortar a tiempo antes de sucumbir en la melancolía y la depresión. Ya hacía dos años que su padre había muerto y casi lo tenía superado.
Al llegar al portal, un vecino que acaba de entrar le abrió la puerta. Iba con sus padres. Hacía mucho que no los veía y la miope no sabía si estaban en el pueblo o se habían muerto. Se metieron todos en el ascensor. Ellos al fondo y la miope en la puerta, ya que era la primera en salir. Conversaciones de ascensor al margen, a la miope le extrañó un poco que los padres del vecino no dijeran absolutamente nada. El caso es que tampoco hubo mucho tiempo para hablar.
Nada más entrar en su casa, la miope se dirigió al baño para analizar cómo le quedaban las gafas nuevas, pero al situarse frente al espejo, lo vio. Era su padre. Detrás de ella. Se giró. Allí estaba. Había venido a buscarla. En ese mismo momento el médico certificaba la hora de defunción a su madre. El conductor del coche salió ileso del accidente.

 

Ser pobre no es delito

No estimados amigos de lo ajeno,

¿Es usted el Banco Santander? ¿Es usted el titular de los ojos que leen estas líneas? Me dirijo a usted para comunicarle su fallido intento de provocarme un infarto de miocardio tras su llamada de hoy a primera hora de la mañana.

Si bien la mala sangre se adueñó de mí y el corazón me latió con fuerza durante al menos media hora, felizmente para mi persona no tuvo un fatídico resultado y toda esa negatividad que me transmitió por teléfono la convertí en fuerza para investigar cómo se puede tener el rostro tan duro y querer cobrarme 132 euros por una cuenta que abrí hace 15 años porque me obligó la universidad para matricularme y que, por supuesto, ha estado inactiva durante todo este tiempo.

Que dirá usted, eso le pasa por estudiar y querer prosperar, eso le pasa por pensar que con una formación universitaria puede salir de pobre. Quizás sí, tiene usted razón y la gente como yo estamos condenados a morir pagando lo que no hemos tenido nunca.

Pero quiero decirle señor banco que San Gúguel es el abogado de los pobres y en un blog llamado abusosbancarios.blogspot.com asegura que, efectivamente, el Banco de España permite cobrar intereses por cuentas inactivas pero que el banco debe demostrar que ha contactado con el cliente para comunicarle que su deuda está aumentando, cosa que usted no ha hecho.

De todas formas, claro, como el pez grande se come al pequeño, al final tendré que pagarlo y con intereses porque ese montante irá aumentando por momentos. Echando cuentas, hay unos 20.000 alumnos en esa universidad, a 132 euros cada uno, sale más de dos millones de euros y eso sin ponerme las gafas del un, dos, tres…

Menudo negociete tenéis, no estimados amigos de lo ajeno. No tenéis bastante con el rescate que hemos pagado todos los ciudadanos de nuestro bolsillo para que no tengáis que disminuir ni un euro vuestros beneficios y pensiones millonarias, ahora resulta que queréis cobrarnos el funeral de Botín y las vacaciones que se pegó la familia para superar el trance.

Ser pobre no es delito, señor banco, aunque usted quiera hacérmelo creer, pero recuerdo la última película de Ken Loach, ‘Yo soy Daniel Blake’, que a sus 82 años sigue contando historias reales y me doy cuenta de que así es la vida, que así de dura es la realidad y que por eso, a los niños pobres nos cuentan cuentos para dormirnos y luego de mayores sufrimos insomnio.

Arte en la Tierra 2016

Ya ha comenzado la decimocuarta edición de ‘Arte en la Tierra’, un regalo para nuestras pupilas, un alarde de belleza en pleno corazón del Valle de Ocón. Este año ‘Arte en la Tierra’ destaca por la juventud de los artistas que están componiendo este festival. Cuatro artistas que desde el lunes están desarrollando sus piezas artísticas desde su disciplina con un objetivo común: la integración en la naturaleza y el paisaje.

El arquitecto Javier Peña está realizando un cubo, un cubo en el que resguardarnos, desde el que poder mirar al exterior de una manera diferente, un espacio al que podremos pertenecer y a la vez compartir con todos, pero solo hasta el 31 de agosto ya que a partir de esa fecha, como si se tratara de un embrujo, la estructura desaparecerá.

El pintor y artista Julio Sarramián ha optado por la topiaria, que es el arte de dar forma a las plantas mediante la poda. Utilizando esta práctica ancestral, Julio Sarramián creará una naturaleza artificial que se confundirá con la natural.

Salim Malla es ingeniero y deliniante y su proyecto, ‘Peonada’, desarrolla el concepto de los sistemas métricos tradicionales y rurales con una azada, una mula mecánica y un tractor, herramientas que no tenemos asociadas con un artista.

Y el cuarteto lo culmina Javier Cenzano con su proyecto ‘Antípodas’. Es la primera vez que la música está presente en ‘Arte en la Tierra’ y creará una obra sonora que trabajará con los sonidos de los animales del paisaje de Santa Lucía de Ocón y sus homólogos del mar de sus antípodas, de Nueva Zelanda.

Las obras van avanzando día a día y la gente curiosea, pasea, admira y tiene la oportunidad de conversar y reflexionar con los autores sobre su propio trabajo en pleno proceso creativo. ‘Arte en la Tierra’ navega viento en popa sabiendo que tarde o temprano se esfumará como un barco fantasma dejando tras de sí un recuerdo y quizás un leyenda.

Cine de verano

Todos recordamos ese cine de verano que congregaba a adultos y a niños en un parque o una plaza alrededor de una pantalla. Era algo extraordinario y mágico, ya que los pequeños no nos preguntábamos cómo había llegado la película hasta allí. Simplemente disfrutábamos del permiso de nuestros padres para estar en el parque por la noche sintiendo el césped fresquito pinchar nuestras piernas mientras comíamos un helado que acaba goteando por nuestros brazos. Lo del cine de verano es una de esas cosas que se quedan en el cerebro implantadas en forma de recuerdo y es inevitable que uno se sienta meláncólico cuando lo programan en su ciudad  😀

Mujeres

Hubo un tiempo en que a las mujeres se les exigía ser guapas para prosperar. Aunque no lo creas, no hace mucho tiempo, las mujeres no podían tener pelos en las piernas ni en las axilias y las compresas y los tampones eran considerados bienes de lujo con el máximo porcentaje de impuesto. Tampoco hace tanto, las mujeres cobraban menos que los hombres haciendo el mismo trabajo y siempre tenían a un hombre que mandaba más que ellas.

Te parecerá mentira pero yo he vivido la época en la que las mujeres tenían que elegir entre ser madre y trabajar, en la que cuando volvían de la baja por maternidad no sabían si iban a poder incorporarse de nuevo, si iban a poder acogerse a la reducción de jornada o si iban a poder tener un horario que pudieran compatibilizar con el cuidado de sus hijos, porque en esa época, seguía siendo la mujer la que tiraba de la casa y de la prole.

Y eso ocurría en las sociedades más avanzadas porque en otros países, las mujeres en el paritorio no empujaban cuando el médico les decía que iba a nacer una chica, ya que suponía otra boca que alimentar. En otros sitios, los padres pagaban dinero a los novios de sus hijas para que se casaran y se hicieran cargo de ellas, aunque éstas tuvieran 14 años y estuvieran cubiertas por una túnica para que no provocaran con su pelo, con sus curvas, con su pintalabios…

Tuvo que pasar algo, algo muy gordo para que los hombres se dieran cuenta de lo importante que son las mujeres. Y pasó, la naturaleza se rebeló contra ellos y de repente, no nacía ninguna mujer. Todos los bebés en el mundo eran hombres y lo que en un principio pareció una casualidad, se convirtió en una emergencia mundial. Sí, podían congelar todos los óvulos de todas las mujeres vivas pero si no nacían niñas, la especie humana sería finita.

A partir de ahí, todo cambió y el mundo se convirtió en lo que hoy conocemos, pero te cuento esto porque nunca debemos olvidar el pasado, no vaya a ser que caigamos otra vez en él.